¡Cuidado! ¡Hay un león! Sal corriendo, ¡que te va a comer! Deja todo lo que estés haciendo, ¡busca tu supervivencia! No, eso no es importante. No, eso tampoco. ¡Venga vamos!
¿QUÉ? ¿Que estás comiendo? ¿Que necesitas descansar? ¿PERO NO HAS VISTO AL LEÓN?
¿Aún estás ahí? ¡¡¡¡QUE TE VA A COMER!!!!
…
Jolín, que estrés, ¿no?
Acabo de hacer una gran simplificación de lo que pasa en tu organismo cuando siente que estás en peligro y quiere protegerte. Todo tu cuerpo se pone en marcha para que puedas salir corriendo cual gacela de las garras de un león. Acelera tu corazón para mandar más sangre a todos los músculos y poder tener así más potencia para correr; pone en pausa los procesos digestivos porque claro, de nada sirve que hayas digerido bien tu comida si tú vas a ser la comida del león. Además, la sensación de dolor físico disminuye para permitirte que si te rozas con una rama en plena huida o te clavas una piedra en la pezuña al saltar, puedas seguir huyendo….recuerda… QUE TE COME. Junto a la digestión se suman otros tantos procesos que ocurren en tu cuerpo y de los que no somos del todo conscientes.
Pero escucha… si no hay leones… ¿o sí?
Depende. El cerebro es una máquina maravillosa pero no es perfecta. El cerebro no sabe distinguir una situación real de una fantasía, a veces confunde algo que has vivido en un sueño con la realidad, a veces eres capaz de engañarlo (algún día os enseñaré formas en las que engañamos y engañan a nuestro cerebro). Tu cerebro no sabe si lo que te está persiguiendo es un león de la sabana africana o es tu jefe, una factura, una enfermedad, una entrega de un trabajo, un examen, una cita, tus hijos e hijas… él no lo sabe. Él recibe una señal de alarma y pone a todas las células de tu cuerpo a trabajar para protegerte, el problema es que no te está protegiendo. ¿Sabes por qué? Porque probablemente, ante una situación en la que un león te va a comer sea necesario que active el protocolo de huida durante un periodo corto de tiempo, pero ante una situación que no lo es y que se extiende en el calendario, lo que está haciendo es hacer “mal funcionar” a tu organismo. Para nada. Ante “nada”.
Realmente él siente la amenaza porque así la estás interpretando tú.
¿No te ha pasado nunca que has pasado por una situación comúnmente conocida como “estresante” y estás bien, aguantando el tipo, pero en cuanto te relajas, enfermas?¿Justo te has puesto malo o mala el día o a los dos días de coger las vacaciones? No es mala suerte, no es que todo te toque a ti, es que con una alta probabilidad, has sometido a tu cuerpo a un estrés muy grande y ahora, cuando ve que el león ya no viene detrás, entonces tu cerebro dice: “venga chicos, ha pasado el peligro, saquemos aquello que teníamos paralizado para la huida y hagamos revisión de daños”. Y claro, daños hay.
Cuando estamos estresados segregamos diferentes hormonas, aunque os hablaré de la adrenalina y de la conocida comúnmente como la hormona del estrés, el cortisol. A la vez que sube el cortisol y la adrenalina, bajan otras hormonas como son la oxitocina o la endorfina, encargadas en parte de nuestra felicidad. Todo ello provoca que tu sistema digestivo se resienta (recuerda que no es importante hacer la digestión en plena escapatoria), tu sistema inmune se debilita, porque tienes a tus soldados trabajando en exceso de manera continua (aumenta la histamina), tienes problemas de concentración, se te olvidan las cosas, estás irritable, no descansas bien (cualquiera coge bien el sueño pensando en un león tras él) y un largo etcétera de acontecimientos y síntomas en cadena que ocurren en nuestro cuerpo. Cuando estas hormonas suben y están en altos niveles, nuestro organismo está alerta.
El estrés en un momento determinado no es perjudicial. Estás con el coche en la carretera y de repente hay algo y tienes que actuar con rapidez para no chocar; tu hija se va a caer del columpio y corres a su encuentro para que no llegue al suelo; tienes una llamada importante y tienes que reaccionar con celeridad. Por eso decía que depende. El estrés no es malo per se, casi nada lo es, el problema es cuando deja de ser algo puntual para convertirse en algo habitual, en nuestra manera de ser, pensar y sentir. En nuestra manera de gestionar las cosas.
La pregunta es: ¿merece la pena vivir con tanto estrés? La respuesta la deberías tener clara a esta altura: definitivamente, no.
¿Sabes ya quién es tu león?
Bueno… entonces, ¿Qué puedo hacer?
Cada persona es distinta y enfrenta las situaciones de manera diferente, por lo que habría que ver cada caso en concreto para saber dónde está el quid de la cuestión, pero os voy a dejar 15 consejos generales que podéis aplicar desde hoy mismo para mejorar vuestra calidad de vida:
- Levántate unos 15 minutos más temprano y así no tendrás la sensación de comenzar el día corriendo.
- Prepárate para la mañana la noche de antes. Con ello evitas olvidos de última hora, ropa que te ibas a poner pero no está planchada o limpia, un papel importante que te dejas en el mueble de la entrada por ir corriendo…
- Evita vestir ropa apretada ya que puede dificultar la respiración, la circulación sanguínea, provocar dolores gástricos (por ejemplo con el cinturón muy apretado), etc.
- Programa tus citas con antelación, así evitarás improvisar y el desorden, y con ello el estrés.
- Di “no” más a menudo.
- Establece prioridades en tu vida y respétalas.
- Evita a las personas tóxicas.
- Pide ayuda cuando lo necesites.
- Considera los problemas como desafíos, así será más fácil afrontarlos.
- Divide los desafíos en otros más pequeños y ve uno a uno (divide y vencerás).
- Sonríe.
- Usa el tiempo sabiamente. Cuando establezcas tus prioridades y objetivos, asígnales un tiempo y así tendrás más tranquilidad al saber que esas cosas están llevándose el tiempo que necesitan.
- Reserva un rato del día para jugar, relajarte, hacer algo que te gusta o aburrirte.
- Practica la respiración lenta.
- Identifica algún mal hábito y ponle freno.
Y recuerda, siempre tienes la decisión de cómo afrontar las cosas. Las cosas no son estresantes. Las cosas no estresan. Eres tú quien, sin querer, interpreta esas cosas como amenazantes y desencadenas la respuesta de estrés. No te preocupes, estas cosas no nos las enseñan nunca y lo habitual y común es no saber gestionarlas.
Si consideras que tu caso es una situación difícil y no sabes cómo lidiar con ella, acude a una psicóloga o a un psicólogo y ellos sabrán qué hacer.
Encuentra tu león. Entiéndelo. Desmenúzalo. Hazte su amig@.


