¿Quién eres?

¿Quién eres?

¿Quién eres?

¿Eres la carrera que has estudiado? ¿Eres la persona que deberías ser? ¿Y por cierto, quién deberías ser? ¿Quién dice quién deberías ser? ¿Eres lo que los demás piensan de ti? ¿Eres lo que la sociedad exige de ti? ¿Eres algo concreto? ¿Eres muchas cosas?… ¿Quién eres?

Me hago esta pregunta en infinidad de ocasiones con la esperanza de obtener una respuesta certera que haga que nunca más vuelva a tener que hacerme esta pregunta y hoy por fin la tengo.

Soy una persona creativa e inquieta por naturaleza, me encanta estudiar, el arte en cualquiera de sus modalidades, la ciencia, la investigación, las personas, lo nuevo…. ¿soy rara?

Intento contestarme, ¿Quién soy? Y he estado durante muchos años intentando buscar una etiqueta que me represente, una etiqueta que englobe todo aquello que yo soy. Lo que pasa es que me encontraba con un problema recurrente a la vez que frustrante y es que para poner una etiqueta sobre mi persona, debía renunciar al resto, y eso significaba renunciar a una parte de mí que estaba muy viva y que debía meter bajo llave porque no encajaba bien con la etiqueta. He estado años así, sin saber cómo definirme. Soy maestra, pero también soy psicopedagoga, y maquilladora….aunque bailo, canto y dibujo desde niña. Me encanta cocinar… ¡y comer! Me flipan la naturaleza y los animales. Me encanta estar con la gente. Amo la fotografía y el diseño de cualquier cosa, de casas, de ropa, de utensilios…. Me encanta imaginar. A veces me meto en mi pequeño gran universo de la imaginación porque allí no tengo que renunciar a nada. Entonces… ahora que tengo la carrera de mis sueños… ¿soy psicóloga? Porque si soy psicóloga igual no debería ponerme a decorar casas o cantar y sacar un single. O si me dedico a cantar, qué hago con la fotografía o con la psicología ¿qué hago?

Esta pregunta me ha estado martilleando la mente muchos años, porque no paro y la verdad, es que si parara me moriría. Porque soy así. Soy un puzle compuesto por muchas cosas que tienen y que no tienen que ver entre sí. Así que no soy nada y lo soy todo. Soy YO y no hay ninguna persona como yo, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Somos mucho más de lo que una etiqueta pueda expresar.

¿Por qué comparto esta reflexión contigo? Porque no me gustan las etiquetas. Las etiquetas limitan. Las etiquetas condicionan. Las etiquetas matan. Por eso lo comparto contigo, por si, como yo, eres una persona que encaja dentro de muchos sitios y es feliz en todos ellos. No renuncies a ninguno, haz que todos y cada uno de esos pedazos conformen un collage único e irrepetible, ahí está tu valor.

En mi periodo de trabajo en consulta, explicaba a los padres los problemas que tenían sus hijos e hijas de esta forma:

Yo: “tu hijo o hija tiene esta dificultad aquí, que es donde vamos a ayudar, pero es fantástico en esto otro”

Padres y madres: “vale, pero cómo se llama lo que tiene”

Yo: “eso no es importante. Lo importante es saber en qué le podemos ayudar”

Padres y madres: “vale, pero cómo se llama lo que le pasa”

Yo: “no se preocupen. Vamos a trabajar con él/ella y entre todos conseguiremos que sus notas, sus relaciones y su vida mejore”

No creo que todos los profesionales estén de acuerdo conmigo, y lo entiendo, de verdad que sí. Supongo que lo normal es decir: “tu hija es disléxica”, “tu hijo tiene depresión” o “tu hija tiene TDAH”. Será lo normal, pero a mí no me gusta, porque mientras sepas tú como profesional qué es lo que le pasa y trabajes en ello, no hace falta que le proporciones al niño y a su familia una etiqueta en la que refugiarse. Porque no todas las personas con dislexia, depresión o TDAH se comportan de la misma forma. A nosotros como profesionales nos interesa saberlo para tener guías, algo sobre lo que caminar para ayudar a las personas de la mejor forma posible, pero a ellos creo que no les hace ningún favor. Porque sin querer, esa etiqueta se impregna en ellos, les condiciona, sirve de escudo y de arma para todo, pero sobre todo de límite.

Repito que es lo que opino y hago yo, no digo que tenga que ser lo correcto. En mi andadura como profesional en consulta he tenido excelentes resultados y he ayudado a mucha gente, mal tampoco debe estar.

Todas las personas pasamos por circunstancias susceptibles de etiquetar: lo que has estudiado, lo que has vivido, a qué te dedicas, tu forma de cuerpo, tu color de piel…. ¿No sería más guay que te reconocieran por todas ellas?¿No os parece que una etiqueta no representa la grandeza de un ser humano? Si te ciñes a una sola cuestión estás dejando de lado el resto de tu persona y de tu valía…. O así lo veo yo. Ahora. Después de mil años.

Estamos en una época en la que el mayor valor que puede aportar una persona es su talento y todas las personas tenemos talentos, la gracia está en que no todos tenemos los mismos, ahí está la riqueza del ser humano y compartir con el mundo tus talentos hará de este sitio algo mucho más rico y bonito.

Dejemos al refranero donde está, pero démosle una vuelta de tuerca. También me encantan las metáforas y los refraneros. Sí, también.

“Aprendiz de todo, experto en nada”. Sí, no soy experta en nada aunque soy aprendiz de muchas, y ojo, que de algunas de ellas sé muchísimo. Lo puedes ver como que no eres experto en nada o como que eres aprendiz de todo. Puedes verlo desde la escasez de no tener el título de experto en algo o desde la abundancia de poder ser lo que quieras y de la forma que quieras. Tú eliges.

Yo he llegado a la conclusión de que si nosotros como personas fuéramos libres de desarrollarnos como queramos y en función de lo que nos dicte el corazón, seríamos mucho más productivos e infinitamente más felices.

Me pregunta mucho la gente que me conoce y de mi alrededor que hace un tiempo que no me ve (pueden ser dos meses), ¿En qué andas metida ahora? Y me gusta y me disgusta esta pregunta a partes iguales.

La parte que me gusta es el interés que muestran estas personas en mí, en saber qué hago y conociéndome, es una pregunta acertada. La parte que no me gusta tanto es lo que viene después, una vez que yo respondo, porque es limitante, es negativa, es embajonadora. También me invento palabras. Sí, también.

Embajonadora o embajonador: dícese de la persona o los comentarios que te lanzan desde sus miedos y limitaciones para explicar tu situación y justificar el que ellos no lo estén haciendo, dejándote una sensación amarguilla. Son profesionales. No te animan en los inicios, no te animan en el proceso, se reservan su mensaje positivo para cuando tienes “éxito” con un “no, si yo sabía que lo ibas a petar con eso”. Pero en el momento que más necesitas de apoyo te dicen: “estás loca”, “siempre estás inventando”, “a ver si tienes hijos y dejas de hacer tonterías” y un largo etc.  ¿Los identificáis?

Pues mira sí, igual estoy loca o igual he descubierto realmente quién soy y soy así. En cualquier caso, he aprendido a mirar más para adentro y menos para afuera. Me va mejor.

No paro quieta, me gusta el saber, el curiosear, el entender y el probar.

Igual he estado viendo mi multiactividad como un problema y resulta que es la caña, porque si me pongo a pensarlo… es difícil que haya dos personas iguales, porque cada uno de nosotros estamos hechos de muchas cosas. Jolín, eso es una maravilla, ¿no?

Así que coge toda esa cantidad de cosas que sabes hacer y que te apasionan, mételas en una coctelera y aprovéchalas. Nadie es como tú. No hay otros dos como tú. No renuncies a nada. Si la profesión no existe te la inventas. Si nadie lo ha hecho antes, felicidades, eres el primero o la primera. Si ya lo han hecho antes genial, ya tienes parte del camino andado. Pero déjate de etiquetas que te definan, tú eres mucho más que eso.

Si todo el mundo viviera su vida desde su pasión y talento y tuviera alas en vez de límites, habría muchos menos embajonadores profesionales.

Os animo a compartir conmigo vuestras aficiones, pasiones y piezas de vuestro puzle con el hashtag #sinetiquetas.

Yo ya sé quién soy. Y tú, ¿Quién eres?

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