
Llamamos comúnmente frustración al sentimiento que nos invade cuando anhelamos algo, tenemos algún deseo o alguna meta y por algún motivo no se cumple. Es ahí cuando un sinfín de emociones negativas nos invade y nuestro estado de ánimo, así como nuestra actitud cambian. Es una emoción presente a lo largo de toda la vida, empieza a edades muy tempranas y si no se aprende a gestionar, sus consecuencias nos acompañarán para toda la vida.
Vamos por partes. ¿Qué sabemos sobre la tolerancia a la frustración en la infancia?
La infancia está considerada como la etapa que va desde el nacimiento hasta la juventud. A pesar de ser una etapa completa, está compuesta por varios eslabones según la edad del pequeño o pequeña, aunque aquí la vamos a considerar como una única para lo que os quiero explicar.
En este período es muy importante que los padres y madres aprendan a gestionar las situaciones que se van a producir y entre ellas, las temidas rabietas. Las rabietas son normales en los niños, ya que es su forma de expresar su malestar o su frustración.
Una de las cosas más importantes que debe tener un niño o niña es una estructura, unas normas y unos límites. He escuchado en numerosas ocasiones frases como “ya aprenderá cuando sea mayor”, “no pasa nada, luego lo controlo” o la peor, “es que me da pena”. Creo que es un problema de enfoque y de no saber bien cuál es el sentido de poner normas y límites en los peques y es que es un bien necesario para su desarrollo personal y emocional.
Lo vemos como restricciones que le estamos imponiendo y que les va a causar algún tipo de malestar y aunque sea así en el corto plazo, sin duda alguna, en el medio y largo plazo le estamos haciendo un gran favor. Por eso no, no aprenderá cuando sea mayor por arte de magia, tiene que aprender lo más pronto posible. No, luego no controla porque no sabe. Y no, no te tiene que dar pena porque le estás enseñando cosas tan esenciales y valiosas que sin ellas, cuando sea más mayor, estará perdido. De la misma forma que no dejas de darle una medicina que detesta pero sabes que es la forma de que se cure. Así que dime, ¿Qué razón tienes para no hacerlo? Debemos enseñarles desde la infancia para prevenir problemas en la adolescencia y etapas posteriores. Haré un artículo próximamente sobre normas y niños.
Vamos ahora con la adolescencia, que es el tema que nos ocupa hoy. La adolescencia es la etapa en la que se da por finalizada la niñez y comienza la etapa adulta. Es el período más complicado a nivel hormonal, cerebral, emocional y conductual a lo largo de la vida de una persona.
Aquí, la persona deja de ser un niño o niña que obedece sin rechistar a sus padres, pero tampoco es un adulto capaz de tomar sus propias decisiones, a la par que sus hormonas empiezan a entrar en ebullición, el grupo de iguales sube en importancia respecto a los padres y se avecinan cambios. Mucha tela, ¿no? Aunque nos pueda parecer lo contrario, es sano para ellos y ellas que se empiecen a cuestionar las cosas, a preguntar y a experimentar. Es aquí donde empiezan a desarrollar su identidad como personas independientes y surgen dudas, rebeldías, miedos… por ello, si hemos construido un entorno seguro en casa, es mucho más fácil que se comuniquen y puedan entender los padres y madres qué es lo que pasa por sus cabezas, aunque os digo, que la adolescencia es una etapa complicada, lo más normal es que os deje esa sensación de “es que no lo conozco”, “está cambiando mucho” o “antes no era así”. Es del todo usual, imaginad que es como un gusanito que ha estado haciendo capullo durante mucho tiempo y ahora tiene que salir la mariposa…. Ha cambiado o está cambiando, aunque en esencia siga siendo la misma persona. Tenemos que ser conscientes de ese cambio y estar preparados y preparadas. Y ojo que hablo de cambios y de rebeldías en el sentido más puro de la palabra, obviamente no estoy diciendo que se les tenga que consentir faltas de respeto o cualquier otra conducta que sobrepase los límites del sentido común.
¿Y qué hacemos con la frustración? Que es de lo que venía a hablaros hoy.
No podemos evitar que los adolescentes sientan frustración, de la misma manera que cuando son niños y cuando sean adultos los tendrán. No se trata de evitar que llegue la tormenta, se trata de saber cómo navegar en ella. Evidentemente un trabajo previo de normas, de límites, y una buena comunicación parental, por ejemplo, son factores de protección y minimizarán las consecuencias; lo cual no significa que las eliminen por completo. El ser humano es muy complejo y siempre existen situaciones complicadas que hay que saber cómo abordar, lo importante es tener herramientas para poder solventarlas de la mejor manera posible.
Objetivos a conseguir:
- Enseñarles autocontrol. Primero debemos tenerlo y luego enseñarlo
- Acortar los momentos de frustración. Esperar con calma a que pasen y cuando estén tranquilos entonces hablar con ellos
- No sucumbir a las rabietas para que entiendan que no es la forma de obtener lo que ellos desean
- Empatía, para que aprendan a ponerse en el lugar del otro y no centrarse únicamente en sí mismos
- Diversidad, para que entiendan un poco mejor las dificultades a las que se enfrenta el resto del mundo y así poner en perspectiva sus problemas
- No se aprende de la noche a la mañana, requiere de práctica por parte de los padres y de los adolescentes y mucha paciencia.
Además hay que tener en cuenta que cada persona vive las cosas de una forma distinta, por lo que dos adolescentes pueden vivir la misma situación y afectarles de forma totalmente diferente.
Por ello recomiendo no usar frases como “pues a tu a amiga le ha pasado lo mismo y no está llorando” o “yo también lo viví de pequeño y no es para tanto” “los adolescentes tenéis muchas tonterías”, “pues si estás así por ese problema, cuando llegues a la vida adulta ¿entonces qué?” las comparaciones son odiosas y fundamentalmente por lo que acabo de explicar, cada mente y cada persona es un universo y compararlos no ofrece nada positivo, sino todo lo contrario.
Si nosotros como adultos hemos pasado por esa situación y ahora tenemos otras más complicadas, no implica que ellos deban saber solucionar las suyas. Seguro que todos los adultos hemos llorado con 3 años porque nos han quitado un juguete, con 7 porque estaba lloviendo y no podíamos ir al parque o de adolescente al suspender un examen. Ellos están ahí en este momento y precisamente nosotros, por ser adultos, debemos ofrecerles la ayuda que necesitan y las herramientas que aún no han adquirido.
Cómo saber si tu hijo o hija tiene baja tolerancia a la frustración:
- Es exigente
- Cuando no consigue lo que quiere monta rabieta o discusión (según la edad)
- Tienen dificultades para gestionar sus emociones
- Son poco flexibles, por lo que todo es blanco o negro
- Creen que todo gira a su alrededor
- Creen que lo merecen todo cuando ellos lo demanden
- Son impulsivos e impacientes
Para ello también es muy importante hacer escucha activa con los hijos e hijas. La escucha activa tiene una definición muy chula, pero os digo la mía: la escucha activa es la que hacemos con el corazón, no con los oídos. Escucharlos de verdad, para que se puedan abrir y compartir sus emociones; así será mucho más fácil poder ayudarlos y evitar posibles frustraciones. Escuchar desde el amor y la comprensión, sin juzgar. La adolescencia es una etapa bastante complicada y en la que se experimentan muchos cambios, hay mucha rebeldía y muchas cosas nuevas, es un buen momento para abrir puentes con el mundo adolescente y que fluya la comunicación.
¿Por qué es importante enseñar a las chicas y chicos a tolerar la frustración? ¿Eso no se pasa con la edad? No. Es una actitud, por tanto hay que aprenderla y desarrollarla. Si son niños y adolescentes con baja tolerancia a la frustración, serán adultos que no van a saber gestionar sus emociones ni sus vidas y con una alta probabilidad de tener actitudes agresivas.
Consejos:
- Escucha activa
- Dar ejemplo
- No ceder ante sus rabietas
- Darles responsabilidades que puedan cumplir
- Marcar objetivos
- Transformar la frustración en aprendizaje
- Construir puentes con ellos, no muros
- Marcar unas normas adecuadas a su edad
- Enseñarles herramientas emocionales
- A algunos niños con discapacidad y de edades más tempranas les ayuda tener las normas en forma de pictogramas

Qué hacemos cuando estemos en pleno momento frustración
- Dejar que se calme
- Ver qué ha pasado, que nos lo explique y nosotros practicamos la escucha activa
- Analizar la emoción que está detrás (tristeza, ira, miedo…)
- Una vez la tengamos identificada ya podemos trabajar con ella. Muchas veces con solo hablarlo con un adulto (normalmente los padres o madres) ya se tranquilizan al ver que tiene solución y que cuenta con ayuda.
Si no somos capaces de controlarlos nosotros en casa y aun poniendo en práctica lo que os digo, la mejor opción es acudir a un profesional de la psicología que nos ayude con nuestro caso en concreto.
Espero que os haya sido de utilidad este artículo, una de las cosas que tenemos que tener presentes siempre es que una comunicación sana, la escucha activa, el amor y la comprensión suelen ser buenos ingredientes para fomentar un contacto sano entre padres e hijos.
Las imposiciones dictatoriales, normas que no entiendan y “se hace porque lo digo yo y punto” no ayudan mucho, porque no lo entienden y no les estamos ayudando en absolutamente nada. Quizás a obedecer, pero la obediencia no es signo de aprendizaje personal. No se necesitan personas perfectas, se necesitan personas felices.
Y recordad estas palabras: el 80% del éxito de la vida adulta depende de la inteligencia emocional. Así pues, démosle a las emociones y a su gestión el lugar que merecen.
Conviértete en el adulto que hubieras necesitado cuando eras niño.


Analizas a la perfección cada etapa en tu artículo. Impecable como siempre. Un abrazo
¡hola Maria José! muchas gracias por tus palabras. Hay mucho esfuerzo detrás de cada artículo que hago, así que me alegro que te guste. Un abrazo.